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Entre la visitación y el juicio: la intercesión de Abraham y el clamor de Sodoma

Tikkun Global

Jerusalén, Israel



El 19 de mayo, varios líderes locales e intercesores viajaron a Ein Bokek, la gran zona turística situada en el extremo sur del Mar Muerto. Estábamos allí para una reunión de oración, debido al enorme festival LGTB+ que se llevará a cabo del 1 al 4 de julio.  Dicho evento se está promocionando como el más grande de su tipo en Oriente Medio, y ¡por el Ministerio de Turismo de nuestro gobierno! La ubicación en sí resulta sumamente irónica—no en Tel Aviv, una de las “capitales gay” del mundo—, sino justo al lado de los sitios arqueológicos tradicionales asociados con la antigua Sodoma y Gomorra.


Mientras orábamos, me encontré volviendo una vez más a los capítulos 18 y 19 de Génesis. Lo que me impresionó no fue solo el juicio de Sodoma, sino el contexto más amplio que lo rodea: la visitación de YHWH a Abraham, la revelación del corazón de Dios, y el papel extraordinario de Abraham como intercesor que se sitúa entre la misericordia y el juicio. 


YHVH encarnado

Génesis 18 comienza con una de las escenas más extraordinarias de las Escrituras. Abraham está sentado junto a las encinas de Mamré cuando tres “hombres” aparecen en el versículo 2. Al parecer, Abraham reconoce al menos a uno de ellos, y les muestra gran honor y hospitalidad. A medida que avanza el capítulo, nos damos cuenta de que estos “hombres” no son visitantes ordinarios. Dos son ángeles, pero el tercero es YHWH mismo apareciendo en una forma muy humana. El texto alterna de manera fluida entre “los hombres” y “YHWH,” hasta que finalmente, en el versículo 22, Abraham queda solo, de pie delante de YHWH.


Este es un momento asombroso. Dios no se limita a enviar un mensaje desde el cielo. Viene en persona. Camina entre los hombres, recibe hospitalidad, lava Sus pies, come en la mesa de Abraham y Sara y conversa abiertamente con ellos.  La escena es profundamente personal y profundamente humana.

La historia incluso tiene su toque de humor. Sara se ríe para sus adentros ante la promesa de que dará a luz a un hijo en su vejez, y el Señor responde casi de manera juguetona: “Por qué se rió Sara?” Cuando ella lo niega, Él le responde con delicadeza, “no, sí que te reíste.” Esto por supuesto presagia el nombre dado al hijo milagroso, Isaac, “risa” o “él ríe.”


Todo el capítulo revela algo profundo sobre la naturaleza de Dios. YHWH no está distante de la familia del pacto. Está dispuesto a entrar en el espacio y en la relación humana.  En muchos sentidos, Génesis 18 es una prefiguración de la encarnación suprema del Hijo de Dios: el Dios que finalmente y plenamente entra en la humanidad a través de la simiente prometida, a través de la línea de Abraham, a través de David, y a través del vientre de María.


Pero el momento de esta visitación no es accidental.


El clamor de Sodoma y Gomorra

Al terminar la comida y los visitantes se levantan para marcharse, la historia se desplaza hacia Sodoma. De pronto descubrimos por que el cielo se ha acercado a la tierra en este momento: “El clamor de Sodoma y Gomorra ciertamente es grande, y su pecado es sumamente grave” (Génesis 18:20).


Cada pueblo y aldea de Canaán estaba sumido en la idolatría pagana. Pero había algo singularmente perverso en estos pueblos/ciudades del valle del Mar Muerto, algo que provocó que un terrible “clamor” se elevara (¡desde el punto más bajo de la tierra!) hasta el mismo trono de Dios en el cielo.


El lenguaje sugiere una acumulación de violencia, corrupción, opresión y rebelión moral que alcanza un punto que exige la intervención divina. Génesis 19 revela la profundidad de la depravación de la ciudad cuando los hombres de Sodoma rodean la casa de Lot e intentan abusar sexualmente de los hombres angelicales. El pecado de la ciudad se presenta no solo como inmoralidad privada, sino como un colapso total del orden moral, de la hospitalidad, del autocontrol y de la santidad de las relaciones humanas.


Ya conoces el resto de la historia: los ángeles cegaron a todos los hombres de la ciudad. Al amanecer, se ordena a Lot y a su familia que huyan para que pueda comenzar el juicio: una lluvia de fuego y azufre que cae del cielo.  


Sin embargo, el centro de la historia de estos capítulos no es, en última instancia, la maldad de Sodoma. 


El centro es la familia abrahámica.


Abraham, el primer intercesor

Antes de que comience el juicio, YHVH-Dios hace una pausa y dice, “¿Ocultaré a Abraham lo que voy a hacer?” (Génesis 18:17). Esta declaración es extraordinaria porque revela que Dios, el Creador y Juez de todo, busca socios del pacto que gobiernen y juzguen junto con Él. Ezequiel 22:30 dice que el SEÑOR busca hombres y mujeres dispuestos a levantar un muro espiritual, y a ponerse en la “brecha” mientras Él se dispone a juzgar y destruir la tierra y a sus moradores.


En respuesta, Abraham se presenta ante YHWH y apela a Su carácter: “Lejos sea de Ti hacer tal cosa: matar al justo junto con el impío.” Abraham conoce al Dios que tiene ante sí.  Sabe que la justicia divina no es ira arbitraria; que, en el corazón de Dios, la misericordia triunfa sobre el juicio. (Santiago 2:13). Y así comienza a interceder: ¿y si se hallaren cincuenta justos? ¿Cuarenta y cinco? ¿Cuarenta? ¿Treinta? ¿Veinte? ¿Diez?

Esto se convierte en un modelo bíblico para toda intercesión.


Abraham se coloca entre la visitación y el juicio; habiendo experimentado a YHVH como un “amigo” para su propia familia, anhela extender, compartir esta bendición con otros, o al menos con su sobrino y su familia. Pero eso no puede ocurrir si todos son destruidos a causa del justo juicio de Dios.


No niega la realidad del pecado. No celebra la maldad. Pero tampoco responde con una frialdad distante. Ruego por misericordia. Apela a la fidelidad del pacto y a la justicia de Dios, al menos en favor de sus propios familiares que están en Sodoma.


Nuestra situación actual en Israel

Mientras orábamos cerca del Mar Muerto esta semana, esto se volvió profundamente personal para muchos de nosotros. Israel se encuentra actualmente en medio de una guerra. Los soldados siguen combatiendo y muriendo en Gaza y en el frente norte. Irán y sus aliados continúan amenazando a la nación. Y, sin embargo, al mismo tiempo, nuestro gobierno está patrocinando un festival masivo, que “con orgullo” celebra valores que contradicen directamente la Torá y la visión bíblica de la humanidad.  


Génesis 1:26–28 declara que la humanidad fue creada a imagen de Dios: “varón y hembra los creó.” Luego Dios los bendice y les ordena que “fructifiquen y se multipliquen” para llenar y someter la tierra. La visión bíblica de la humanidad es inseparable de la familia del pacto, de la unión entre hombre y la mujer, de la fecundidad y de la multiplicación de la vida. La familia no es un asunto secundario en la Escritura. Es central en el diseño de Dios para la creación y la redención.


La yuxtaposición de los capítulos 18 y 19 no es una coincidencia: Por un lado, YHVH-Dios viene a confirmar la promesa de un hijo biológico a la pareja de ancianos. La “familia santa” comienza dos mil años antes de José y María: Dios esta pactando colocar a Su Hijo Yeshúa en el ADN, en la línea familiar de Abraham y Sara, quienes no eran más que “arameos errantes” (Deut 26:5), un esposo y una esposa en busca de descendencia, una familia conforme al orden normativo de Dios tal como se expone en Génesis 1; una pareja hecha “santa” por la elección divina.


Por otro lado, tenemos a Sodoma y Gomorra. ¿Es necesario afirmar lo obvio? El estilo de vida y la agenda LGTBI abortan por completo el plan del Creador para la familia humana. Constituyen la expresión más plena de la idolatría, la depravación y la rebelión del ser humano contra Dios, nuestro Padre. “No”, grita la humanidad, “nos acostaremos unos con otros según nuestro propio deseo, rechazando la imagen de Dios expresada en lo masculino y femenino, y negándose a ser “fructíferos y multiplicarse.” (Romanos 1:18-32).

Todo esto crea una tensión dolorosa para los creyentes en la tierra. 


¿Cómo podemos pedirle a Dios misericordia, protección y victoria mientras celebramos abiertamente lo que la Escritura llama pecado?  Supuestamente tenemos el gobierno más conservador y “de derecha” de nuestra historia moderna. La coalición gobernante está repleta de líderes ultraortodoxos y religiosos nacionalistas que estudian la Torá con regularidad. ¡¿¡Por qué nadie alza la voz!?!


¿Y qué hay de nosotros, el remanente de fe en la Tierra, junto con los creyentes de las naciones que permanecen firmes con nosotros? ¿Estamos dispuestos a ponernos en la brecha como Abraham? ¿Estamos dispuestos a clamar por misericordia, para que nuestro clamor sea más fuerte en el cielo que el clamor contra la abominación de este festival? Como Abraham, ¿cuántos de nosotros tenemos familia, amigos, etc., atrapados en la esclavitud de “Sodomía?”


¿Nos pondremos en la brecha entre el juicio y la redención? Sí, oraremos por avivamiento, por visitación… pero como en Génesis 18-19, esto a menudo puede venir acompañado de un juicio aterrador, muerte y destrucción. 


Al concluir nuestra reunión, compartimos juntos la Cena del Señor. Pedimos a una familia joven que se parara detrás de la mesa de comunión con su bebé en brazos, junto a varias parejas mayores. La Santa Cena no se trata únicamente de la salvación individual. A través de la muerte y resurrección del Mesías, Dios está restaurando a la humanidad misma. Está restaurando la imagen divina. Está restaurando la familia del pacto.


Está restaurando lo que fue quebrado desde el principio.


Al final, la historia de Sodoma no se trata únicamente del juicio.


Se trata de visitación.


Se trata de intercesión.


Y se trata del Dios que aún busca un pueblo dispuesto a presentarse ante Él en nombre de su generación.

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