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Aquel que negamos se convirtió en nuestra expiación

Sep 16
3 min read

Tikkun Global

Jerusalem, Israel



Cada vez que leo Hechos 3, mi atención suele ir de manera inmediata a las palabras de Pedro sobre “la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21). Es un pasaje tan significativo, sobre todo cuando se piensa sobre Israel, el retorno de Yeshúa, y el cumplimiento de las promesas de Dios. Pero al volver a leer el capítulo hace poco, hubo otra cosa que me llamó la atención y que nunca antes había notado realmente.


Anteriormente en el mensaje, Pedro estaba hablando a las personas reunidas en Jerusalén y dice “Vosotros negasteis al Santo y al Justo” (Hechos 3:14). Leyendo esas palabras en hebreo, una palabra captó mi atención: כפרתם — kefartem, “vosotros negasteis.” El sonido de esa palabra trajo a mi mente otra palabra hebrea de forma inmediata, una que se convierte especialmente significante mientras nos acercamos a Yom Kippur:  — kapparah, expiación.

Kefartem. Le negasteis.Kapparah. Expiación.


La conexión presenta una imagen poderosa del mensaje de Pedro. Dice claramente a nuestro pueblo que negaron a Yeshúa, pero la acusación no es su última palabra. Solo unos versículos más tarde Pedro dice, “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). A las personas que le habían rechazado se les seguía invitando a volver a Él. El mismo Yeshúa que habían negado era a través del cual sus pecados podían ser perdonados. Tal como escribe Juan más adelante, Yeshúa “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.  (1 Juan 2:2). Lo habían kefartem — negado — sin embargo, se había convertido en su kapparah — su expiación.


Esta conexión tiene un significado especial a medida que nos acercamos a Yom Kippur, el Día de la Expiación. Aquí en Israel, el país casi se paraliza por completo. Se cierran los negocios, el transporte público deja de funcionar, y las calles, que suelen estar muy transitadas, quedan silenciosas, con niños que van en bicicletas y en patinete por las calles. Muchos israelíes ayunan durante veinticinco horas, se llenan las sinagogas, y se repiten oraciones de confesión, arrepentimiento y perdón a lo largo del día.  Incluso entre muchos israelíes seculares, Yom Kippur permanece como un día en el que parar toda actividad, reflexionar, pedir el perdón de los demás, y plantearnos cuál es nuestra situación ante Dios. 


La cuestión del kapparah, expiación, es, por lo tanto, no únicamente un antiguo concepto bíblico en Israel.  Una vez al año ocupa un lugar destacado en nuestra conciencia nacional. Sin embargo, como seguidores de Yeshúa sabemos que la respuesta ya ha sido dada. Sabemos que Yeshúa es nuestra expiación. Hebreos nos dice que el Mesías entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, obteniendo eterna redención (Hebreos 9:11–12). El anhelo por el perdón que expresa Yom Kippur nos lleva en última instancia a Aquel que se dio por nosotros.  


Esto me lleva otra vez a la parte de Hechos 3 que suele llamar mi atención. La llamada de Pedro a Israel no finaliza con la remisión de los pecados. Habla de “tiempos de refrigerio” que vienen de la presencia del Señor y en última instancia de la “restauración de todas las cosas” (Hechos 3:19–21). El arrepentimiento, la expiación, el refrigerio y la restauración forman parte del mismo mensaje. Pedro se dirige a un pueblo que había rechazado a su Mesías y que aún hoy les habla de los propósitos de Dios para la restauración. Su rechazo no había anulado sus promesas, y su fracaso no había cerrado la puerta al arrepentimiento.


Es por esta razón que Yom Kippur debería impulsarnos no solamente a reflexionar en el significado de la expiación de Yeshúa, sino también orar por la salvación de Israel.  Pablo expresó la misma carga cuando escribió, “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación” (Romanos 10:1). Este es el pensamiento que perdura en nosotros. Mientras nuestro pueblo hace ayuno, ora y busca kapparah, anhelamos que reconozcan a Aquel que ya ha expiado nuestros pecados.


Este Yom Kippur, estaremos ayunando y orando en Israel, y queremos invitarte a que te unas a nosotros. Ora para que el Espíritu Santo abra los ojos de ellos para que vean a Yeshúa. Ora por las familias, los jóvenes, los líderes religiosos, y por comunidades enteras. Ora para que muchos reconozcan a Aquel a quien nuestro pueblo negó como el mismo que llevó nuestros pecados y nos abrió el camino de vuelta a Dios.


Nosotros le negamos. Se convirtió en nuestra expiación, y su invitación a volver sigue abierta.


¿Puedes unirte a nosotros este Yom Kippur para ayunar y orar por la salvación de Israel?  


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