Cuando los sonidos de trompeta sean uno
- Jeremiah Smilovici

- Apr 29
- 3 min read
Tikkun Global
Jerusalén, Israel

Al principio de esta semana, a medida que sonaba en Israel la sirena del Día del Recuerdo de los Caídos, todo se detuvo. Los coches se detuvieron, la gente se detuvo y guardó silencio, y el peso del recuerdo llenó el aire. En nuestra casa, mis hijas pequeñas, con seis años y la otra tan solo de dieciocho meses, escucharon y pude ver el miedo en sus ojos. Pensaban que era una sirena de alerta. En ese momento, no podían distinguir la diferencia.
Eso se quedó conmigo. Me hizo volver a pensar en la trompeta de la Escritura, no solo como un sonido, sino como un lenguaje. En Números 10, Dios establece su propósito: “Hazte dos trompetas de plata… para reunir al pueblo acampado, y para dar la señal de ponerse en marcha” (Números10:2). La Escritura nos muestra que la trompeta fue usada para distintos propósitos, convocar a las personas y dirigirlas en momentos que requerían respuestas.
Yeshúa describe un día cuando la trompeta volverá a sonar, no solo para Israel en el desierto, sino para el mundo entero: “y Él enviará a sus ángeles con una gran trompeta, y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos…. “(Mateo 24:31). Este es el llamado que reúne, una invitación clara e inconfundible a reunirse. En la tradición judía, este tipo de sonido se describe a menudo como la Tekiá, un sonido largo y seguido que genera alineación y unidad.
Las Escrituras también describen explícitamente el uso de la trompeta para dar la alarma en tiempos de guerra: “cuando vayan a la guerra en su tierra contra el adversario que los ataque, tocarán alarma con las trompetas…” (Números 10:9). Esta no es una llamada a reunirse, sino una llamada que exige una respuesta. La misma se expresa en los profetas: “¡Toquen la trompeta en Sion, y den la voz de alarma en mi santo monte!; ¡tiemblen todos los moradores de la tierra!” … (Joel 2:1). En la tradición judía, esta clase de señal urgente es asociada con la Teruá, una alarma rápida y entrecortada.
En muchos sentidos, este es el sonido con el que hemos estado viviendo. Cuando suenan las sirenas por todo Israel, ya sea durante ataques desde Gaza, el Líbano o Irán, no hay tiempo para interpretarlas. Las familias corren hacia los refugios antiaéreos, reúnen a los niños, y todo se detiene. El sonido transmite una sensación de urgencia. Exige una respuesta. Incluso el sonido refleja esta urgencia: esta sirena sube y baja en ondas repetidas, en un patrón ascendente y descendente que evoca fuertemente el carácter de la Teruá.
Luego hay otro tipo de sonido, uno que la Escritura no define como una función específica de la trompeta, pero que conocemos muy bien aquí en Israel. El Día de la Memoria del Holocausto y Yom HaZikarón, la sirena vuelve a resonar por todo el país, pero esta vez, nadie corre. Todo se detiene. Es un llamado a recordar, un sonido que lleva consigo el dolor y lleva a una nación al duelo. Las Escrituras muestran que este tipo de duelo será parte del momento final: “y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito …” (Zacarías 12:10). En la tradición judía, este tipo de quebrantamiento a menudo se refleja en los Shevarin, unos tipos de sonidos entrecortados, parecidos a suspiros, que se hacen eco del llanto del corazón.
Lo que comienza a surgir no son solo distintos tipos de sonidos, sino distintas realidades: un llamado que reúne, un llamado que exige una respuesta y un momento que quebranta el corazón. Y la Biblia señala un día en el que estos llamados ya no ocurrirán por separado. Cuando Yeshúa regrese, sonará la trompeta, y todo ocurrirá al mismo tiempo. Su pueblo será reunido, las naciones se estremecerán y los corazones se abrirán como nunca antes. El sonido no necesitará interpretación. Será completo.
Lo que experimentamos ahora en fragmentos, momentos de advertencia, momentos de recuerdo, momentos de despertar, convergerá en una realidad abrumadora. Un solo sonido. Y en ese momento quedará claro que las tres cosas estarán ocurriendo a la vez. Algunos oirán el sonido y, por primera vez, se darán cuenta del peso de lo que ha sido revelado, y se les romperá el corazón. Otros lo oirán como una alarma, reaccionando con temor y urgencia ante lo que está sucediendo a su alrededor. Pero otros lo reconocerán como el llamado del Rey, que los reúne consigo, no por ser algo nuevo para ellos, sino porque ya conocen su voz.
Por lo tanto, la pregunta no es solo qué sucederá entonces, sino a qué grupo perteneceremos. ¿Estaremos entre aquellos que solo entonces despertarán, entre aquellos que responderán con temor, o entre aquellos que ya están despiertos y reconocen Su voz cuando Él llame?
El momento de decidir es ahora—ser de aquellos que conocen su voz, se refugian en Él, y que estarán listos cuando llame.

